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Proporcionar energía eficiente y con bajas emisiones de carbono

Se trata de uno de los grandes desafíos de nuestra generación y, si bien el camino exacto que nos lleve a un futuro con bajas emisiones de carbono todavía nos es desconocido, la adopción generalizada de las nuevas tecnologías en este ámbito tiene el potencial, tal vez más que cualquier otra aplicación, de cambiar los patrones de uso de los metales a nivel mundial.

Producción de energía con bajas emisiones de carbono 

Del mismo modo que los metales son fundamentales para lograr edificios y medios de transporte eficientes, se están empleando diversas tecnologías basadas en metales para reducir las emisiones provenientes de la producción eléctrica. La cantidad de minerales y metales necesaria para fabricar generadores de energía eólica y solar que, según se prevé, serán los pilares de la energía renovable, es considerable. Además, el almacenamiento energético de las baterías, basado en tecnologías que utilizan plomo, litio, níquel o sodio, apoyará la integración de las energías renovables en la red eléctrica y ayudará a suavizar los altibajos en el suministro. Paralelamente, la ampliación de la capacidad nuclear aumentará la demanda de uranio, al tiempo que es posible que el uso de las pilas de hidrógeno que aumente de manera considerable la demanda de catalizadores de metales preciosos

¿Es posible que el futuro pase por el hidrógeno?

Hay muchos defensores del hidrógeno que lo ven como un posible sustituto de combustibles como el petróleo en el siglo XXI. Para hacerlo realidad, una economía basada en el hidrógeno se basaría en el uso a gran escala de pilas de hidrógeno que dependerían de los metales. Las pilas de combustible proporcionan una eficiencia, versatilidad y adaptabilidad elevadas, y dependen de muchos metales, incluidos el zinc, el aluminio, el magnesio y el platino, para generar electricidad, calor y agua. 

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